El mundo es una pesadilla y yo he sido feliz...

1 de febrero de 2011

El no entendimiento


La mejor forma de entender a una persona es poniéndose en su lugar dicen: tan difícil es despojarme de todos mis pensamientos, mis experiencias, mis sentimientos e inundarme de los suyos. Así que no me queda otra que tratar de entenderlo desde mi óptica. Y es imposible. El problema es que no nos entendemos, es que todos esperamos que el otro actúe, piense y sienta como nosotros lo haríamos. Nos jactamos de tolerantes cuando en realidad no nos toleramos ni a nosotros mismos. Me pasa muy a menudo que me encuentro de repente teniendo una charla conmigo misma, discutiendo a solas con mi otro yo, y me dan ganas de cagarme a trompadas. Porque no me soporto. No soporto esa vocecita que esta todo el tiempo recordándome lo irrecordable sembrando rencor donde deberían quedar tan solo cenizas. Y entre tanto, intento entender a otros seres totalmente diferentes a mí y no lo logro. Al no lograrlo aflora mi instinto asesino y me encantaría matarlos, recordando inmediatamente que en el caso de concretar la idea me corresponderían de 8 a 25 años de prisión, por lo tanto desisto. Me encantaría vivir en un mundo donde las ideas que intentamos comunicar sean claras. No me refiero a una catarata de sinceridad sin filtro. Solo hay que decir las verdades que son necesarias, responder lo que se pregunta sin ir mas allá de la consigna. Las personas que se jactan de sinceros no lo son, sino que padecen de una rara patología que me gusta llamar incontinencia verbal. Si por su cabeza se cruzo la frase Te Amo lo dicen, si te ven gorda te lo dicen, si recuerdan cuanto amaron a su ex y q tan bien lo pasaron con sus innumerables conquistas lo dicen. Lo dicen todo creyendo que uno quiere escucharlo todo, largan mensajes sublimizares muy confusos y cuando todo se acaba te dan a entender que te confundiste y que ellos no hicieron nada malo porque siempre te dijeron la verdad. Así no nos vamos a entender nunca. No se trata de ponerse en el lugar del otri, no se trata de echar culpas y quitarlas. Se trata de aceptar que el otro es un ser enigmático, inentendible, imperfecto, único, pasional y vivo.

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