El mundo es una pesadilla y yo he sido feliz...

10 de junio de 2019

La despedida

Me levanté una mañana y me sentí infeliz. Habia un elefante en la habitación, imperceptible, sigiloso, silencioso.
Algo me incomodaba, me sentí infeliz, sentí no pertenecer. Pero había algo que había buscado toda la vida y ahora lo tenía.
Me senté con papel y lapiz, hice dos columnas: pros y contra.
Habia más contra que pros. Pero uno de ellos superaba en intensidad lo que lo otro superaba en cantidad: amor.
Rompí el papel, seguí adelante, seguí amando. Pero el elefante seguía ahí estorbando y yo sin poder verlo.
Nunca pude verlo, pero me molestaba tanto que decidí irme.
Con los ojos empapados y con el mayor de los dolores sentidos me fuí. Hubo gritos, llantos, insultos, abrazos y palabras de amor. Pero me fuí.
La experiencia me dictaba que en la soledad me iba a asfixiar, que no podría tolerarla, que la angustia me iba a inundar y que sería de los más duros momentos para sobrellevar. No fue así, sentí paz.
No es falta de amor, el amor no murió, hay sueños rotos, hay dolor y tristeza, pero también hay paz. No se de donde viene, no se porqué está ahí, pero está. No tengo la respuesta, no lo sé, pero lo único certero es que amé desde lo más profundo, amé con todo y así me fuí, amando, y encontré paz.

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